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El Ministerio del Tiempo: En el nombre del hijo

by Jean Cité
in SERIES
16 min read
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El episodio comienza ubicándonos en el puerto de Lisboa en mayo de 1588. Descubrimos a un personaje interpretado por Miguel Rellán que desciende de un barco y se acerca a otro personaje en el puerto. Le pregunta si una lista es la definitiva, su interlocutor afirma, y Rellán se va por donde ha venido con el gesto contrariado. Si bien al comienzo del episodio estamos ante una reconstrucción en croma, ver inmediatamente al actor caminando por callejuelas realmente embarradas nos atiza con un toque de realismo. Entra en una casa, abre un pesado candado de lo que parece un baúl y, de pronto, el personaje ataviado con ropajes del XVI saca un ordenador portátil y un escaner.

Ante una reconstrucción en croma, ver al actor caminando por callejuelas realmente embarradas nos atiza con un toque de realismo

El comienzo del primer episodio fue más o menos semejante, y casi podría ser una marca de la franquicia: elementos anacrónicos en escenarios de época. Saltamos por corte a una habitación en 2012. Suena un teléfono, una mujer le pide a Julián que conteste y, cuando lo hace, el montaje nos desvela una sorpresa: al otro lado de la línea está él mismo, que llama desde el futuro. No hay diálogo, por supuesto. Ni siquiera cuando la mujer coge el teléfono. El Julián contemporáneo cuelga con un «hasta luego morenita», y posteriormente el Julián de 2012 se despide de su esposa empleando el mismo calificativo. Son el mismo, pero no lo son en realidad. No, de hecho son muy diferentes.

Hasta el momento, la serie ha presentado lo que, en mi opinión, son dos logros. El primero de ellos es plantear el conflicto inicial sin verbalizar prácticamente nada. ¿Cómo se da uno cuenta de ello? Muy fácil: han tenido que mirar para entender. Si un espectador hubiera desviado la mirada hacia el plato de la cena se habría perdido gran parte del prólogo. Y eso es bueno, créanme; eso es cine. Lo otro es radioteatro. El segundo logro es plantear el conflicto interno del personaje de Julián —y la añoranza hacia su esposa— en el recurso de las llamadas telefónicas al pasado. No necesitamos comprender demasiado para darnos cuenta de qué va la historia; no necesitamos más verbalizaciones ni diálogos para entender lo que siente el personaje y lo que pasa por su mente, y no necesitamos más recursos para apreciar el trasfondo de la propuesta. Pero aun así, aunque no lo necesitemos, la factura visual y el acting nos dan las pistas.

La iluminación del Julián de 2015 y del Julián de 2012 es inversa: en un plano lo iluminan por la izquierda, en el otro por la derecha; en uno está en claridad, en otro está en penumbra; en uno es un hombre feliz, en otro es un hombre taciturno. Hay química en el diálogo con su esposa; hay miradas cómplices —fíjense en el gesto que le hace ella cuando él bromea con que el telefonista misterioso pueda ser su amante; fíjense en el momento en que ella le niega un beso para que no le contagie el resfriado—. Definitivamente estamos ante un conflicto interno construido y empaquetado para espectadores inteligentes. Es de agradecer.

El Ministerio del Tiempo – Cabecera de la serie

Tras una cabecera minimalista y animada en dos dimensiones entramos en uno de los despachos del Ministerio donde se encuentran Irene, Angustias y Ernesto entablando una conversación distendida que, a la sazón, va introduciendo la que será la subtrama contrapunto del episodio: Angustias está descontenta con la situación laboral y se está planteando volver a vivir a su época, a comienzos del XX. Están en ello cuando de pronto llega un fax. Reconocemos la hoja que escaneó Rellán en el prólogo y se nos presenta el conflicto principal: Lope de Vega no va en el barco que debería, y va a morir antes de tiempo.

Saltamos a la cafetería del Ministerio. Alonso y Amelia están echando la bronca a Julián por haber llamado a su esposa al pasado. Como se habrán imaginado, están contando de nuevo todo lo que el espectador ya ha visto anteriormente, y además verbalizando los motivos y emociones que intuíamos en la escena del teléfono. ¿Por qué? Primero para recordarnos que Alonso también tiene una esposa —aunque en el episodio anterior aprovechó el viaje temporal para darse un revolcón con una espontánea—; segundo, para sembrar cierta rivalidad entre los hombres del equipo —ambos, Alonso y Julián, se enzarzan en una discusión—; tercero, para aportar un motivo de preocupación al personaje de Amelia, que descubre que todos los suyos han muerto en esa época —y que Aura Garrido manifiesta tan sólo en su interpretación con dos elegantes y elocuentes gestos—; y cuarto, por si efectivamente usted es idiota o antes estuvo tuiteando, mirando la Primitiva o con la cabeza metida en el plato de sopa.

Deben lograr que Lope de Vega se enrole en el barco adecuado de la Armada Invencible y que no muera

La siguiente escena reúne a casi todo el plantel de protagonistas y secundarios para explicarnos de qué va el asunto. En cualquier otra serie este tipo de escena sería tediosa y redundante, pero en esta, jugando con el hecho de que cada uno es de una época —e incidiendo sobre la incultura del personaje contemporáneo— resulta maravillosamente fresca. El guión acentúa algunos detalles que serán de importancia posteriormente, como los diecisiete años de diferencia entre la fecha en la que murió Alonso y la fecha a la que van en esta misión. Por resumir: deben lograr que Lope de Vega se enrole en el barco adecuado de la Armada Invencible y que no muera. En la siguiente escena descienden la escalera, Alonso vuelve a recordarnos la cifra clave —diecisiete años desde que él viajó al futuro— y atraviesan la puerta.

Al otro lado aparecen en un barco en el puerto de Lisboa donde los recibe Rellán. Caminan por las calles hasta el despacho de éste, y Alonso opta por intentar obtener información en la taberna —de alguna forma, se le nota feliz de estar en su época—. El resto se dedica a escudriñar los archivos de la Armada, intentando averiguar en qué barco zarpa Lope. Revisan cientos y cientos de nombres que, posteriormente, serán dados por muertos. Empleando el ordenador extemporáneo que tiene Rellán, dan con los detalles del barco y su cruento destino. Alonso llega indicando dónde están las tabernas de la zona, y entonces Amelia descubre algo sorprendente: en el listado de nombres del desventurado navío —ya saben que toda su tripulación va a morir— aparece el de Alonso.

Dejamos la escena en alto —bueno, no demasiado alto; en mi opinión la dirección debería haber acentuado más el descubrimiento—.

Dejamos la escena en alto —bueno, no demasiado alto; en mi opinión la dirección debería haber acentuado más el descubrimiento— y saltamos de nuevo en el tiempo para descubrir a Angustias, la secretaria, mirando fotografías antiguas con emoción. Mantiene un diálogo con Ernesto donde se destaca su pretensión de volver al pasado, continuando con la subtrama que han sembrado al comienzo y que sirve de contrapunto a la historia principal. La conversación de Ernesto con Salvador, el subsecretario, sigue esta línea.

De vuelta al pasado, los protagonistas están en una taberna resumiéndonos lo sucedido, por si estaban ustedes, otra vez, jugando con el Twitter, o si justo fueron al baño en la escena anterior. Tienen que encontrar a Lope, y además sienten curiosidad por saber quién es el soldado que se llama igual que Alonso y que está condenado sin saberlo a morir con la Armada Invencible. El espectador astuto ya se habrá imaginado quién es el susodicho, pero no adelantemos acontecimientos. En ese instante y en esa taberna se produce entonces el primero de los dos golpes de casualidad del episodio de hoy: justo Lope está en la mesa de al lado, enrollándose con una portuguesa. Amelia lo reconoce, y se le caen las bragas —con perdón—.

Lope está en la mesa de al lado, enrollándose con una portuguesa. Amelia lo reconoce, y se le caen las bragas —con perdón—.

En efecto, la segunda subtrama del episodio de hoy es el enamoramiento de Amelia y Lope. Sé que si les digo que Cayetana Guillén y Aura Garrido son los grandes aciertos de la serie —junto con Fresneda, que también está en papel— me tacharán de blando con el sexo femenino, fan de Crematorio trasnochado o, lo que es peor, sexista benevolente. Pero es que es verdad, oigan. Ellos están todos muy bien, es cierto. Fresneda es un Alonso magnífico, cuadrado en el papel y bien llevado aunque a veces tienda a exagerar un poco la prepotencia del macho ibérico; y Sancho tiene esa naturalidad a lo Antonio Resines, aunque es más parco expresivamente hablando. Pero las actrices me tienen encantado. Guillén ha sido un descubrimiento para mí: no engola, no declama, no da sorbos falsos a las tazas de café… No sé a ustedes, pero a mí me transmite una naturalidad tal que creo que sencillamente no está actuando. Y Garrido sorprende por su expresiva contención. Si Sancho es un Resines, me da la impresión de que Garrido es una Vanesa Redgrave: cuando quiere es capaz de mostrar seducción, empatía a través de la mirada, o una fría e inquietante inexpresividad felina. Pero me estoy dejando llevar; afortunadamente en la siguiente escena Julián le recita a Lope el estribillo del «Maneras de vivir» y la sonrisa me devuelve a lo que estamos.

Convencido de que Amelia en solitario puede lograr más de Lope, Julián sale al encuentro de Alonso. Preguntan a un borracho si conocen al Alonso que también está enrolado en la Armada Invencible y les da alguna clave sobre dónde puede estar. Se les une Amelia con un plan para dejar a Lope fuera de combate y que pierda el barco siniestro al día siguiente. Mantienen una conversación en la calle donde acuerdan separarse de nuevo: ellos a buscar al misterioso Alonso y ella a «dar un paseo». Nada de especial salvo por un instante que me ha llamado la atención: mientras hablan, Alonso increpa a un individuo que los mira. Llámenme loco, pero estoy convencido de que ese anónimo personaje tendrá algo que decir más adelante.

Alonso increpa a un individuo que los mira. Llámenme loco, pero estoy convencido de que ese anónimo personaje tendrá algo que decir más adelante.

Acompañamos a Amelia por las calles de Lisboa hasta que es atacada por un par de hombres y rescatada por Lope, como todos esperábamos. De hecho, ella misma también lo esperaba. Se trataba de una farsa organizada por el escritor que ella descubre al instante. Por su parte, Julián y Alonso visitan otra taberna buscando al misterioso doble del segundo, y entonces se produce el segundo «porque sí» del episodio de hoy: dan con él a la primera. Es un chaval de unos diecisiete años —efectivamente, justo el número que han repetido varias veces al comienzo del capítulo en referencia a la ausencia de Alonso de esa época— y dice llevar el nombre de su padre. No hace falta que les cuente más, ¿verdad? Ambos se sientan con él y Julián presenta a su compañero como Alatriste, en claro guiño. Luego, por no brindar por la guerra, Julián se excusa y entonces Alonso descubre, en el diálogo, que está sentado junto a su hijo. Sin embargo, al reencontrarse de nuevo con su compañero de aventuras opta por no decírselo, dejando la cuestión en el aire y al espectador intranquilo.

Al reencontrarse de nuevo con su compañero de aventuras opta por no decírselo, dejando la cuestión en el aire y al espectador intranquilo.

De vuelta a la época actual, Angustias, la secretaria, ataviada con ropajes de otro tiempo, se mete por una de las puertas. Su superior se entera de inmediato, pero opta por no delatarla delante de Salvador, el subsecretario. La subtrama de la secretaria sigue a modo de contrapunto de la trama principal, en la que vemos, a continuación, a Julián hablando con el personaje de Rellán que explica qué le sucedería a Lope si no embarcase. Mientras tanto, Alonso vuelve con su hijo. Le dice que conoció a su padre, pregunta por su madre, y opta por tratar de emborracharlo para que no suba al navío condenado. De algún modo, Alonso está empezando a comprender la trama de Julián con su esposa en el pasado, ya que se ve en la misma situación.

En otro lugar, Amelia y Lope beben en una taberna mientras hablan de literatura. Lope explica por qué no ha podido zarpar en el barco que estaba previsto: dice que una tormenta lo retrasó, pero el flashback montado en alternancia nos revela que estaba en la cama con otra señora —escenas como esta están bien y son justificadas por el argumento, pero creo que suben la calificación de la serie de manera muy tonta; si no tuviera esos segundos de sexo me parece que sería una serie muy positiva para que vieran los menores—. El caso es que Amelia termina besándose con Lope ante la mirada celosa de la mesera portuguesa.

Julián se ha quedado dormido esperando. Sueña con su esposa y la imagina enrollándose con Lope, pero una llamada de Irene (Cayetana) le despierta. Cuenta que todo va bien, pero ella, en 2015, parece no terminar de creerle. Salvador, el subsecretario, aboga por darles un voto de confianza. De vuelta en el XVI, Julián decide ir a buscar a sus compañeros. La mesera portuguesa, pensando que él es el marido de Amelia, le dice que ha subido a una habitación con Lope. Allí se los encuentra Julián, que da a Lope un cabezazo y abronca a Amelia por acostarse con él. Cuenta que Lope tuvo catorce hijos distintos con mujeres diferentes y pone en duda que escribiera todo lo que escribió. No le falta razón, reconozcámoslo.

Cuenta que Lope tuvo catorce hijos distintos con mujeres diferentes y pone en duda que escribiera todo lo que escribió. No le falta razón, reconozcámoslo.

Se lo llevan dormido al camarote de Rellán, donde se encuentran con el hijo de Alonso, que está tumbado sobre una mesa fuera de combate por el vino. Aquí el guionista hace un pequeño truco: el personaje de Julián parece haber adivinado que se trata del hijo de Alonso, aunque éste nunca lo dijo. No me parece mal; al fin y al cabo todos los espectadores lo habrán adivinado igualmente y sirve para introducir el revés que antecede al tercer acto. Es decir, cuando parece que todo se ha solucionado se produce un giro inesperado de los acontecimientos que pone a los protagonistas de nuevo en la posición inicial, pero en un nivel dramático más elevado. Si lo analizan sucede a la perfección: una vez que han conseguido dejar a Lope fuera de combate y que no suba al barco de la muerte, es su amigo el que está con un pie a bordo: más cercano a ellos, con motivaciones más fuertes para ir en ese barco —lo hace para salvar a su hijo—, y con menos tiempo para actuar ya que el barco zarpa en unas horas. Amelia decide hacer trampa y cambiar el pasado para salvar al hijo de Alonso a espaldas del Ministerio.

Volvemos al presente. Angustias, la secretaria, regresa de su época y se da de bruces con Ernesto, que pretende requisarle todo lo que ha traído. Sin embargo, cuando descubre que sólo son fotografías de su marido la mira pensativo. Es la continuación de la trama de poco recorrido que hace de contrapunto de la principal y que permite aligerar, dar dinamismo y sostener cada escena sobre la intriga despertada en la anterior. Así deben ser las series, la verdad: convencer al espectador en cada peldaño de no cambiar de canal.

Amelia y Julián entran en una taberna donde se figuran que está Alonso. En efecto, está allí, borracho, y tras un breve diálogo donde vuelven a verbalizar todas las emociones que usted y yo sabemos —pero que alguien distraído puede haberse perdido—, consiguen reducirle rompiéndole una silla en la nuca. Hay un amago de altercado con otros hombres, pero Julián lo arregla rápidamente con dinero, y todo resuelto.

Cuando parece que todo se ha solucionado se produce un giro inesperado de los acontecimientos que pone a los protagonistas de nuevo en la posición inicial, pero en un nivel dramático más elevado

Comenzamos el epílogo de resoluciones de tramas. La primera, la de menos importancia. Angustias, con lágrimas en los ojos, nos cuenta su historia y cómo descubrió que su marido tenía varias esposas en varias épocas, porque también era agente del Ministerio. Se cierra así la subtrama contrapunto, que ha sido correcta aunque, en mi opinión, demasiado pasiva: si se fijan, nos la han contado sólo a través de diálogos. Claro que quizá hacerlo de otra manera habría restado protagonismo a la trama principal —y habría encarecido todo mucho más—.

En el XVI, Lope y Alonso Jr. se despiertan habiendo perdido el barco. Serán condenados a muerte a menos que se enrolen en otro navío. Rellán lo arreglará para que vayan en el barco bueno, el que se salva, pero eso lo veremos más adelante. Antes asistimos a un diálogo entre Julián y Alonso cuando éste despierta malherido donde liman asperezas y entierran la subtrama de rivalidad que habían sembrado, si recuerdan, al comienzo.

Con los personajes de vuelta en la actualidad, Alonso pide a Julián el libro de las puertas en secreto. Hacen el informe delante de los superiores, que detectan de inmediato que están ocultando información. Irene no se fía, pero Salvador aboga, de nuevo, por dar un voto de confianza. Luego acompañamos, por separado, a cada uno de los personajes. Julián sigue explotándonos su conflicto interno y vuelve a llamar a su esposa en el pasado; Amelia acaricia en su cama un grabado de Lope, con media sonrisa; y Alonso viaja a su época para encontrarse con su hijo —se me ocurren pocos motivos más poderosos—, darle un par de consejos y una bolsa con dinero para su madre. Descubrirse padre ha cambiado al personaje. Quizá, más que cerrar el conflicto interno de Alonso en realidad estemos abriendo una nueva trama que podría tener mayor recorrido en posteriores episodios. Quién sabe.

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Comments 2

  1. Ati says:
    11 años ago

    sólo un consejo de periodista: los destacados siempre deben adelantar algo que no has leído, como un flashback de una buena serie. Nunca destaques una frase que el lector acabe de leer. Por lo demás, perfecto

  2. Jean Cité says:
    11 años ago

    Gracias!

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